la de anoche fue una de esas noches que uno no quiere olvidar nunca, y pido a quien tenga a bien concederme que ni el tiempo ni las enfermedades que pudieran venirme en un futuro se lleven esta noche, sino que me permitan tenerla para siempre conmigo (toma ya solemnidad¡¡¡, juajuauaajaua), porque cuando no se espera nada y te lo dan todo, cuando ves que ha mimado los detalles mínimos, porque sabe que a una le gustan, cuando ves que ha puesto todo de su parte para que todo fuera perfecto, aunque el lomo del Tiétar tuviera el tamaño de un caballo, cuando se ha hecho todo lo posible por una noche mágica, y la magia ha venido, pues entonces una se siente feliz, pide un conjuro para detener el tiempo, y le faltan palabras, y los sentimientos me pueden, y quiero gritarle al mundo que cada día es más importante en mi vida, que cada día quiero pasar más tiempo con él, pese a que intento mantenerme fuerte y no perder tampoco el norte de mi vida, y no pasar lo que tantas veces he dicho que no debía pasar y es renunciar a todo, en fin.
Pero la noche fue hermosa, pese a que a ninguno de los dos nos gusta el día del Corte Inglés, sí que apreciamos hacer algo distinto, y lo fue, una cena en un sitio de cuento y lleno de encanto descubierto días atrás por esas casualidades que siguen siendo el pan nuestro de esta historia, y que él se quedó con la copla de que estaría bonito, y su silencio ante mi "buah va a ser imposible cenar ahí, hoy estará todo reservado", y su orgullo por todo lo alto al entrar y pedir su mesa reservada, y mi mirada de sorpresa, de felicidad, y las risas, las miradas, y y y tantas cosas que se vinieron de golpe.
No hay comentarios:
Publicar un comentario