martes, 11 de noviembre de 2014

vientos de despedida ...

que aun no sea, no, pero parece que lejos no anda el tiempo en que tendré que decirte adiós, y duele, claro que sí, es ley de vida, me dices pequeña, me dicen, me digo, nos decimos todos para consolarnos, pero el apego duele.

las distancias se acercan cuando se recuerdan aquellos otros tiempos de espacios compartidos, si bien luego la vida, esta batalla con el tiempo, las diferencias no limadas, no queridas, no habladas, hicieron el resto, y ahora se echa de menos algo que no se puede echar de menos porque no se ha vivido, el tiempo de las distancias deja simplemente un vacío, que llenar ya no podemos más de reproches que no tienen ya sentido.

tu reloj, abuelo, va descontando suspiros, miras con miedo pero también con cansancio, por esa lucha contra mil goteras en tu vida, siendo ella la única alcayata que te mantiene aquí, prendido de un hilo de seda, viejo como tus manos, gastado como tu río, ese río en el que en aquellos años pasabas las horas filosofando con alguna carpa, ese río en el que ya sólo pasan algunos jirones de agua que de cuando en cuando se paran, y todos pegamos un bote.

no queremos que llegue este momento, duele, asusta, la pérdida hiere el alma con un golpe brutal, pero es ley de vida, y no puede ser de otra manera, guardaré entre los tesoros aquellos años en los que tu voz todavía entonaba canciones, y entonaba bien, cuando el ánimo te permitía cantar, y la abuela te miraba feliz; guardaré también estos momentos de ahora en que tu ánimo no te da ni para una sonrisa, pero la abuela te mira con un cariño que no tiene palabras.

te diría que aguantes, y luches, y sigas, y venzas, pero simplemente te diré que hagas lo que te haga feliz, y feliz estaré yo también, aunque las lágrimas me empañen los ojos y un nudo atenace mi garganta.

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